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El pH de una piscina debe mantenerse entre 7,2 y 7,6. Si el valor es superior, hay que añadir minorador de pH (pH minus); si es inferior, se utiliza incrementador de pH (pH plus). Hay que medir el pH del agua de la piscina, calcular la dosis según los metros cúbicos y volver a comprobar el nivel tras varias horas de filtración.
Así de simple. Pero, hacerlo bien, es muy importante para la calidad del agua.
El pH ideal en una piscina se sitúa entre 7,2 y 7,6. Es un rango ligeramente básico que permite que el cloro actúe correctamente y que el baño sea cómodo.
Cuando el pH del agua de la piscina supera 7,6, el desinfectante pierde eficacia y pueden aparecer problemas como agua turbia o incrustaciones. Si baja de 7,2, el agua se vuelve más agresiva y puede provocar irritaciones o corrosión en los materiales.
Mantener ese equilibrio es muy importante para que todo lo demás funcione.
Las cantidades son aproximadas y pueden variar según la concentración del fabricante. Siempre revisa la etiqueta del producto.
| Metros cúbicos (m³) | Para bajar 0,2 puntos de pH (minorador sólido) | Para subir 0,2 puntos de pH (incrementador sólido) |
|---|---|---|
| 20 m³ | 200 – 300 g | 200 – 280 g |
| 30 m³ | 300 – 450 g | 300 – 420 g |
| 40 m³ | 400 – 600 g | 400 – 560 g |
| 50 m³ | 500 – 750 g | 500 – 700 g |
| 75 m³ | 750 – 1.100 g | 750 – 1.050 g |
Antes de añadir cualquier producto, hay que saber exactamente cuál es el nivel real.
Puedes medirlo con tiras reactivas, con un kit de análisis de gotas o con un medidor digital. Las tiras son rápidas y prácticas, el kit de reactivos suele ser más preciso y el medidor electrónico ofrece una lectura directa, aunque requiere calibración periódica.
La muestra debe tomarse a unos 30 centímetros de profundidad, lejos de los impulsores o skimmers, para evitar lecturas alteradas.
Medir bien es el primer paso para no sobredosificar.
Si tienes una piscina de 30 m³ y el pH marca 7,8, necesitas bajarlo al menos 0,2 puntos para entrar en el rango recomendado.
Según la tabla, deberías añadir aproximadamente 300–450 gramos de minorador, con la depuradora en funcionamiento.
Después de 4–6 horas, vuelves a medir. Si todavía no está entre 7,2 y 7,6, repites el ajuste de forma progresiva.
Nunca es recomendable hacer una corrección grande de una sola vez.
Si el análisis indica un valor por encima de 7,6, hay que reducirlo.
Para ello se utiliza un minorador de pH, que puede presentarse en formato sólido o líquido. Con la depuradora en funcionamiento, lo recomendable es disolver previamente el producto (si es sólido) en un cubo con agua y repartirlo por el perímetro de la piscina.
No conviene hacer correcciones bruscas. Es mejor ajustar poco a poco, dejar circular el agua durante varias horas y volver a medir.
Como orientación general —aunque siempre hay que seguir la etiqueta del fabricante— para bajar 0,2 puntos en una piscina de unos 50 m³ suelen necesitarse alrededor de medio kilo de producto sólido. La concentración varía según la marca, por eso es importante comprobarlo antes de aplicar.
Cuando el nivel está por debajo de 7,2, el agua se vuelve más ácida y hay que elevarlo.
En este caso se utiliza un incrementador de pH, normalmente a base de carbonato sódico. El procedimiento es similar: filtración en marcha, disolver previamente el producto y repartirlo de forma uniforme.
Después de varias horas de circulación, se vuelve a medir para comprobar que el valor se ha estabilizado dentro del rango adecuado.
Al igual que en el caso anterior, la dosis depende del fabricante, pero como referencia habitual para subir 0,2 unidades en 50 m³ se requiere una cantidad similar a la usada para bajarlo.
Durante la temporada de baño conviene comprobar el pH del agua al menos dos o tres veces por semana. Si la piscina tiene mucho uso, hace mucho calor o ha llovido con intensidad, es recomendable medirlo incluso a diario.
Las variaciones pueden producirse por la evaporación, por la reposición de agua, por el uso frecuente o por determinados tratamientos químicos.
Cuanto más regular sea el control, menos producto necesitarás para mantenerlo estable.
Un pH alto reduce la eficacia del cloro y favorece la aparición de turbidez o incrustaciones calcáreas. Un pH bajo, en cambio, puede provocar irritación en ojos y piel y dañar elementos metálicos o revestimientos.
En ambos casos, el problema no suele ser inmediato, pero sí acumulativo. Por eso es mejor prevenir que corregir daños después.
Si el pH supera ligeramente 7,6 no suele haber un problema inmediato, pero no es recomendable bañarse si está claramente fuera del rango. El desinfectante pierde eficacia y el agua puede resultar incómoda.
Normalmente el agua se estabiliza tras 4 a 6 horas con la filtración en marcha. Después de ese tiempo conviene volver a medir antes de añadir más producto.
Puede aumentar por la evaporación, el uso intensivo, la reposición de agua nueva, las lluvias o determinados productos químicos.
Depende del tipo de cloro. Algunos formatos pueden tender a elevarlo ligeramente con el tiempo. Por eso es importante medir con frecuencia y no dar por hecho que siempre se mantendrá estable.
Regular el pH en una piscina no es complicado, pero sí imprescindible. Mantenerlo entre 7,2 y 7,6 garantiza que el agua sea cómoda para el baño, que el desinfectante funcione correctamente y que la instalación se conserve en buen estado.
Medir con frecuencia, aplicar el producto adecuado y ajustar de forma progresiva es la forma más segura de mantener el equilibrio del agua durante toda la temporada.